Así nos sentimos después de tantos domingos juntos.
Abrasados y abrazados.
Con S por tantas semanas compartiendo los fuegos, las recetas, los comentarios y los alegrías alrededor de la parrilla que instalamos en Radio del Plata.
Con Z por el equipo que formamos en estos tres años y, básicamente, por el cariño, el respeto y la participación de ustedes, nuestros oyentes.
Cuando en marzo de 2005 comenzamos con esta aventura dominical me preguntaba: ¿se puede decir algo original sobre el asado y los asadores?
Enseguida me respondí: No
A pesar de la breve pero contundente sentencia con la que me encontré al comienzo de esta tarea, dos motivos me llevaron a intentarlo a pesar de todo.
El primero es que teníamos muchas ganas de volver a hacer Radio tras algunos años de dedicación exclusiva a la televisión.
El segundo es que, más allá de las veces que hemos leído y oído sobre las costumbres del asado de fin de semana, me resultaba interesante intentar descubrir con los oyentes algunas de las características más salientes de una especie única dentro del reino animal: el homo asadoris.
Es decir, el Hombre Asador.
Es que pensar en el asado sin meditar acerca de los asadores es absolutamente ridículo.
He aquí una gran identificación de esta comida tradicional, popular y criollaza con la alta gastronomía mundial.
Así como las exasperantemente pequeñas porciones impuestas por Paul Bocouse en los setenta y las extrañas alquimias de Ferrán Adriá en la actualidad, LA ESENCIA DEL ASADO ES EL LUCIMIENTO DE SU EJECUTOR.
Conclusión: el asador es un artista.
Nadie hace un asado si no hay un público que pueda aplaudir al final.
La costumbre de asar carnes no es un invento nuestro.
Es una costumbre ancestral y mundial.
Lo que nos convierte en extremadamente originales es toda la pompa y circunstancia con la que rodeamos a este encuentro.
Y acá se cuelan, inevitablemente, las características históricas (e histéricas), culturales, sociológicas (y zoológicas) que hacen a la “argentinidad”.
Si bien todos sabemos que vamos a morir sin entender nunca qué es ser argentino, analizar los ritos del asador nos acercará bastante a una especie de explicación.
Segunda conclusión: existe (y no es una fantasía) el Asador Argentino.
A pesar de que en los últimos años (claros resabios de la impronta cultural impuesta por el menemismo) aparecieron varios defensores de la parrilla a gas (sin comentarios...) y los defensores del Paty asado (¡exímanme de acotaciones...!), el Asador Argentino tiene que cumplir algunos ritos para lucir orgulloso ese título.
Ustedes, queridos oyentes, podrán reconocer estas costumbres casi tribales y hacer los análisis que crean convenientes acerca de la dosis de argentinidad necesaria para que esto se cumpla.
A VER QUIÉN ES EL QUE LA TIENE MÁS GRANDE
Tener una parrilla grande, bien grande...lo más grande que se pueda...
Existe una clara relación entre la superficie del hogar y la de la parrilla (sea ésta una de material o una con rueditas): si en el patio o balcón de la casa entran 6 personas, por algún extraño motivo, la parrilla es para 15 comensales. Como dice la canción... La Argentinidad al Palo!
EL ESTRATEGA
El asador no compra la carne...organiza una serie de estrategias que daría envidia al MI5 y el Mossad. Tiene listas de proveedores temáticos (las achuras a uno, el cordero a otro...), tiene una hora y día determinados para hacer las compras, busca la luz que le permita evaluar el color y textura de los insumos.
Además, conoce sobre meteorología y se enorgullece de tener un cronómetro incorporado: sabe cuántos minutos después de poner los chorizos se da vuelta el cuadril. Impresionante.
AMIGOS SON LOS AMIGOS (y mi carnicero más...)
Únicamente un argentino es capaz de entender la sensación de pedir Bondiola y que su carnicero amigo le haga un gesto, casi imperceptible, que lo hará saber del estado dudoso de la pieza cárnica.
Por supuesto, el Asador argentino es un hombre de códigos, por lo que no hará ningún comentario y sonreirá cómplice cuando SU amigo carnicero le venda ese mismo chancho abombado a la viejita que está detrás de él en la fila. Porque, argentinos al fin, hay que comer y dejar comer....
TODOS LOS FUEGOS, EL FUEGO
No existe Cuerpo de Bomberos en el mundo que haya elaborado tantas teorías y apotegmas sobre el Fuego como el Asador argentino.
Que la leña, que el carbón, que la pila de maderas, que los fósforos, que el kerosene, que la botella recubierta con papeles de diario...
El Asador argentino obvia una verdad histórica: si el fuego no fuera tan fácil de encender el hombre no hubiera salido de las cavernas.
No importa...él cree que se trata de una ciencia y morirá convencido de ello.
CARTEL FRANCÉS
Como dijimos, el asador busca su lucimiento.
Si bien un asado implica muchas tareas y éstas son repartidas, el Asador se reserva para sí la fundamental;nada de perder su talento lavando la lechuga o preparando la mesa.
Su talento sólo debe enfocarse en la carne y el fuego.
Porque, todos sabemos... si el asado no sale bien...el Asador sentirá algo que sólo experimentó Martin Palermo cuando erró 3 penales en el mismo partido.
EL GRAN DICTADOR
Ya llegaron los invitados...la mesa está preparada y las ensaladas aderezadas.
La voz, altisonante, del Asador se convierte en la señal a seguir.
Es el tiempo de dar las órdenes. Cuidado con no obedecerlas.
El Asador pregunta y ordena: ¿quién quiere choripan? Y es mejor que la fila se arme en menos de 10 segundos porque si no, se quedan sin comer.
Y, con el grito : ¡A sentarse! La multitud vuela rápidamente hacia sus sillas...no vaya a ser cosa que el Asador se enoje.
Grandes batallas se han perdido por no entender bien las directivas de un mando superior; pero las de un asador nos pueden llevar a un castigo aún peor: ligar la carne menos sabrosa.
EL IDISCHE PAPE
Durante la comida queda en claro que el Asador Argentino es un hombre sacrificado...que es capaz de entregar todo por los demás.
Todos deben ver que él no se sienta a comer.
Un asado no es tal hasta que un amigo le dice:
“Dale che...largá un poco y sentate a comer con nosotros...”
Al Asador Argentino le gusta sufrir...en pos de la felicidad ajena.
Pero eso sí...que se note.
LA CLAQUE
“Un aplauso para el asador” ya es un clásico.
Y, como tal, tiene su momento.
No corresponde que ocurra antes de que todos estén sentados ni es conveniente que se demore hasta el postre.
El grito, proveniente de un anónimo integrante de la mesa, levanta, de repente, el poder del clamor popular.
Sólo “Fuenteovejuna lo hizo” y “El que no salta es un Holandés” alcanzaron semejante grado de perfección en masificar un sentimiento individual y encolumnar tras de sí a todos los asistentes de un evento.
CORLEONE
El tiempo transcurre. La parrilla se vacía. Los comensales van, de a poco, abandonando. La charla discurre entre risueña y pícara por efecto del vino y la opulencia de los platos.
El Asador ya se ha sentado. Desde su trono, que ya no abandonará por un largo rato, comenta, sentencia y juzga con la tranquilidad de haber sido el Mandamás.
El único que no sentirá culpa alguna cuando los invitados comiencen a levantar los platos y preparar los potes para el helado o la fruta.
Él no moverá un dedo. Y nadie, siquiera, pensará en pedírselo.
Él sabe que, en ese momento, es El Padrino.
El Corleone que tuvo a todos en sus manos...
El Asador Argentino que, con sólo un trozo de carne y unas maderas quemadas, brindó un gran momento de felicidad a su familia y amigos.
Porque es un argentino típico, y a pesar de eso mismo ...
...es tan querible.
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